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Un desayuno como aquellos de antaño, con embutidos y productos de la tierra. De esos que vale la pena disfrutar sin prisa, intentando que no se acabe nunca, en una atmósfera clara, relajada y tranquila.
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Pegada a la casa se encuentra una piscina rodeada de rocas, para refrescarse en uno de esos dias calurosos.
Junto a ella, una zona de hamacas donde relajarse con el paisaje, y de paso lucir un buen bronceado.
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